La gestión de activos es una de las piezas fundamentales de los procesos de mantenimiento en las empresas. En ella conviven dos líneas de actuación que son claves para mantener la productividad, reducir el riesgo de fallos y, en consecuencia, maximizar la disponibilidad de los recursos.
Por un lado, se requiere una completa monitorización de las infraestructuras para maximizar su eficacia y eficiencia. Por otro, la integración de nuevas tecnologías y de procesos de transformación digital es esencial para implantar nuevas formas de monitorización y gestión de los activos.